Diablo el señor del infierno, Baal el señor del mal y Mefisto el señor del odio volvían a andar a sus anchas desde la caída de aquel meteorito en Tristán. Se habían abierto de nuevo las puertas del infierno y la tierra se estaba transformando en un caos.
Pero no estábamos perdidos. Nuestro héroe “Zoidberg”, un paladín enviado de la iglesia de Zakarum, volvía a cabalgar y esta vez hacia la fortaleza de Pandimoniun, el último lugar sagrado y sin profanar que quedaba en el infierno.
Desde allí y con la ayuda del arcángel Tyrael conseguí llegar hasta el Santuario del Caos, el lugar más inhóspito del infierno y donde se alojaba Diablo el mayor de los demonios y el único de los mayores aun en el infierno. Después de abrir los cinco sellos del mal apareció él. Tuve que luchar solo, Tyrael ya no me podía ayudar había recibido órdenes de no hacerlo, pero a pesar de todo gané. Mi espada estaba bendita y solo tuve que acertar y esquivar sus golpes cuando a la quinta estocada cayó, se cerraron la puertas del infierno y los demás demonios desaparecieron.
Sabía que no habíamos ganado la guerra pero sí esta batalla y la próxima ya no me incumbiría.
2 comentarios:
Menos mal que hay paladines como Zoidberg y Tyrael capaces de luchar contra los demonios y encerrarles dentro del infierno, cerrando sus puertas. Pero entiendo, ¡ay!, que los malos son muchos y poderosos (Baal, Mefisto, Diablo...) y la guerra nunca tendrá fin.
Me gusta este mundo mítico con malos, buenos, espadas benditas...
Aunque, una duda: ¿El narrador es Zoidberg ("nuestro héroe")?
Y otra: ¿Eres un ángel o un calamar (lo digo por los tentáculos en el lugar de la nariz)?
Un cordial saludo, Zoidberg.
como bien as dicho el narrador el zoidberg nuestro héroe
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